El síndrome de Benjamin es una condición congénita intersexual causa de una variación genética, hormonal y neurológica; la cual produce que el cerebro se desarrolle con un sexo opuesto al físico genital del individuo que lo padece.
Esta incongruencia entre mente y cuerpo desata una pronta desestabilidad somato-psíquica que deriva en un fuerte síntoma de disforia (o estado de intensa angustia y/o tristeza).
Entre los 18 y 24 meses de edad cuando la identidad de género se establece en el niño, el rechazo hacia sus propios genitales y rol de género erróneo que le es socialmente asignado, se torna con el tiempo cada vez mayor.
El porcentaje de angustia y pensamiento suicida corresponde a un 90% de los afectados por esta anormalidad genética. No siendo solo provocado por el síndrome sino que es directo causal de la presión social que ejerce sobre el mismo.
Hasta el momento la ciencia se haya tecnológicamente imposibilitada en detectar de manera temprana a los efectos de prevención, ya que no presenta evidencias físicas externas notorias como sí es el caso de otros estados intersexuales. El proceso de diagnóstico se inicia cuando la persona afectada concurre a la consulta médica. El enfoque adecuado es interdisciplinario y corresponde a médicos de la salud tanto física como mental; esto es fundamental para el descarte de signos de: homosexualidad, travestismo, psicosis, psicopatía psiconeurótica, personalidad esquizoide, transgenderismo, etc; y en un segundo plano se rescata otras posibles causas biológicas de variante intersexual.
El tratamiento específico indicado una vez diagnosticado el síndrome es: terapia de sustitución homornal (de por vida) y cirugía correctiva que comprende: histerectomía, exéresis quirúrgica con liposucción, y faloplastia.
Las probabilidades de desarrollar el síndrome están actualmente relacionadas con la repetición de una secuencia en el gen ESR2.
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